Fred Trump, el patriarca que levantó un imperio de ladrillo en Nueva York, jamás cruzó el umbral de una logia masónica. Este hecho histórico desmonta las teorías que intentan vincular al 47.º presidente de los EE. UU. con la Orden. Un análisis riguroso sobre genealogía, ritos y la verdadera influencia del «pensamiento positivo» de Norman Vincent Peale.
La obsesión por vincular el poder temporal con la autoridad iniciática es tan antigua como la propia institución. Desde las acusaciones vertidas sobre los presidentes fundadores en el siglo XIX hasta las teorías que rodean a la actual administración en 2025, el imaginario colectivo busca desesperadamente un compás oculto trazando los destinos de la política occidental. Sin embargo, al desbastar la piedra de la realidad, la historia del linaje Trump nos ofrece una lección fundamental sobre la diferencia abismal entre el «operativo» que levanta rascacielos y el «especulativo» que erige catedrales interiores.
Al igual que ocurriera con las especulaciones sobre la familia Bush a principios de siglo, el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca ha reavivado la llama de la conspiración. Pero para el historiador riguroso, la pregunta no es si el mandatario lleva mandil, sino cómo su entorno familiar y sus mentores rozaron los misterios de la acacia sin llegar, aparentemente, a recibir la luz.
La paradoja del constructor: Fred Trump y el mundo profano
¿Basta con apilar ladrillos para ser masón? Esta es la encrucijada ética que plantea la figura del patriarca, Frederick Christ Trump. Fred no fue un hombre de letras, sino de acción pragmática; un constructor infatigable que transformó la geografía de Queens y Brooklyn a mediados del siglo XX.
Sin embargo, tras revisar exhaustivamente los archivos de la Gran Logia de Nueva York y los registros históricos disponibles, la conclusión es sobria: Fred Trump nunca fue iniciado.
Su vida, dedicada a la acumulación de patrimonio y al desarrollo inmobiliario masivo, careció del componente filantrópico y filosófico que exige el arte real. Fred levantó edificios, pero no templos a la virtud. Es aquí donde la distinción masónica se vuelve crucial: la orden no celebra la construcción per se, sino la intención moral detrás de la arquitectura. El «estilo Trump», heredado y perfeccionado por su hijo, representa la apoteosis de la construcción material, una antítesis casi perfecta del trabajo humilde y silencioso que se realiza en la logia.
EL DATO: LA CONEXIÓN ESCOCESA
Si bien la línea paterna es estéril en cuanto a filiación masónica, la línea materna nos transporta a las Tierras Altas. Mary Anne MacLeod, madre del presidente, provenía de Tong, en la isla de Lewis (Escocia).
En la genealogía escocesa, el término Lewis (o «lobato» en español) designa al hijo de un masón. Investigadores genealógicos han rastreado vínculos en los clanes MacLeod con la Gran Logia de Escocia. No obstante, es vital recordar que la iniciación es un acto personal e intransferible; ser sobrino o nieto de masones no transmite la condición iniciática por ósmosis sanguínea.
El eslabón perdido, Norman Vincent Peale
Si Donald Trump no es masón, ¿por qué su retórica resuena a veces con cierto individualismo espiritual? La respuesta tiene nombre y apellidos, y ostentaba el Grado 33º del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.
Norman Vincent Peale (1898–1993), autor del best-seller mundial El poder del pensamiento positivo, fue el pastor de la familia Trump en la Marble Collegiate Church de Manhattan. Peale no fue solo un clérigo; fue un masón activo y destacado que fusionó la teología protestante con los principios masónicos de autoperfeccionamiento.
«Donald tiene una profunda fe en sí mismo, tal vez la forma más pura de fe en la creación.» — Norman Vincent Peale, sobre su pupilo.
Peale ofició la primera boda de Trump y moldeó su visión del mundo. Sin embargo, la transmisión fue incompleta. Trump absorbió la herramienta del «poder de la voluntad» (muy presente en los altos grados), pero despojada del marco ético de fraternidad universal que Peale predicaba en logia. Es el ejemplo clásico de cómo una enseñanza esotérica puede secularizarse y convertirse en una herramienta de éxito empresarial.
Tensión ética: el poder contra la autoridad
Vivimos tiempos de incertidumbre donde la sociedad busca explicaciones ocultas al caos visible. La Torre Trump, con su geometría desafiante y su omnipresencia dorada, se confunde a menudo con la pirámide simbólica. Pero el símbolo masónico busca la elevación del espíritu hacia el Gran Arquitecto del Universo, mientras que la arquitectura corporativa busca la proyección del ego hacia el mercado.
Es vital para el lector comprender esta distinción. La verdadera «conspiración» no es una reunión secreta decidiendo elecciones, sino la capacidad de ciertas figuras públicas para apropiarse de la estética del poder (columnas, oro, jerarquía) vaciándola de su contenido ético. Donald Trump, en este sentido, podría considerarse un «anti-Hiram»: un constructor que conoce las herramientas, pero que las utiliza para fines estrictamente profanos.
El templo inacabado
Al finalizar este trazado, la evidencia nos obliga a cerrar el libro de la especulación sensacionalista. Donald Trump no figura en los registros de la fraternidad universal. No es un hermano que se ha desviado; es, y siempre ha sido, un hombre del mundo exterior.
Sin embargo, su figura nos sirve de espejo. En un 2025 dominado por algoritmos y polarización, la masonería se enfrenta al reto de demostrar que sus valores no son reliquias del pasado. Mientras el mundo político levanta muros, la tarea del masón sigue siendo la misma que hace tres siglos: tender puentes y pulir la propia piedra bruta, independientemente de quién ocupe el trono temporal. La verdadera obra, el templo de la humanidad, sigue inconclusa, y esa construcción no depende de decretos presidenciales, sino del trabajo silencioso en nuestros talleres.
Claves del artículo
Declaración institucional:
- «Donald Trump no es, ni ha sido nunca, miembro de nuestra jurisdicción.» — Comunicado histórico de la Gran Logia de Nueva York.
Personajes:
- Frederick Christ Trump: Padre del presidente, constructor y empresario inmobiliario.
- Mary Anne MacLeod: Madre del presidente, vínculo genealógico con clanes escoceses.
- Norman Vincent Peale: Pastor, masón Grado 33º y mentor intelectual de la familia.
Ficha de conceptos básicos:
- Profano: Del latín pro-fanum («delante del templo»). Término técnico para quien no ha sido iniciado.
- Lewis (lobato): Denominación tradicional del hijo de un masón.
- Desbastar la piedra: Alegoría del trabajo de autoperfeccionamiento moral.
Fuentes y bibliografía:
- Blair, G. (2001). The Trumps: Three Generations of Builders. Simon & Schuster.
- Grand Lodge of Scotland. Yearbooks and Historical Records.




