La fundación de los Estados Unidos de América constituye uno de los episodios más complejos y contradictorios de la historia moderna occidental. A menudo se narra como el triunfo de la Razón sobre la Tiranía, un proceso guiado por hombres ilustrados que, armados con el compás y la escuadra de la Masonería especulativa, diseñaron una república basada en principios geométricos de igualdad y libertad natural. Sin embargo, una revisión exhaustiva de los archivos históricos, las actas de las logias del siglo XVIII y la correspondencia privada de los Padres Fundadores revela una realidad mucho más inquietante: el Templo de la Libertad fue erigido sobre los cimientos de la esclavitud humana. Esta investigación no busca juzgar el pasado con la moral del presente, sino exponer la fractura ética documentada en el corazón mismo del proyecto americano, donde los ideales de fraternidad universal colisionaron frontalmente con los intereses económicos de la plantación.
La Masonería, como institución filosófica predominante entre la élite colonial, proporcionó el vocabulario moral de la Revolución. Conceptos como la «luz», la «verdad» y la «igualdad ante el Gran Arquitecto del Universo» eran moneda corriente en las tabernas y logias donde se conspiraba contra la Corona británica. No obstante, existe una paradoja documentada por historiadores de la Universidad de Yale y Harvard: mientras estos hombres juraban solemnemente proteger a las viudas, los huérfanos y actuar con rectitud, mantenían un sistema legal que convertía a seres humanos en bienes muebles. La «piedra bruta» de la nación no solo estaba sin pulir; estaba manchada por una hipocresía sistémica que los propios arquitectos de la Constitución reconocieron en privado, pero decidieron perpetuar en público.
La Esquizofrenia Moral de Thomas Jefferson y el Farm Book
Thomas Jefferson personifica la contradicción intelectual más profunda de la era fundacional. Como autor principal de la Declaración de Independencia, Jefferson codificó el credo nacional: «todos los hombres son creados iguales». Sin embargo, los archivos de la Fundación Thomas Jefferson y los registros de Monticello narran una historia diferente, escrita no en pergaminos de estado, sino en libros de contabilidad. El llamado Farm Book, un documento meticuloso custodiado por la Sociedad Histórica de Massachusetts, detalla la gestión de sus propiedades humanas con la frialdad de un inventario industrial. Jefferson no solo poseía esclavos; su estilo de vida aristocrático y sus constantes deudas con acreedores británicos y franceses dependían enteramente de la productividad forzada de más de seiscientas personas a lo largo de su vida.
La investigación académica de la Dra. Annette Gordon-Reed, profesora de Historia del Derecho en Harvard, ha demostrado de manera concluyente la relación de Jefferson con la familia Hemings. La existencia de hijos con Sally Hemings, una mujer esclavizada bajo su dominio legal, introduce una dimensión de complejidad moral que va más allá de la simple tenencia de esclavos. Jefferson, quien en su obra Notes on the State of Virginia llegó a escribir «tiemblo por mi país cuando reflexiono que Dios es justo», era plenamente consciente de la inmoralidad de sus actos. Sin embargo, paralizado por sus deudas y sus prejuicios raciales —documentados en sus cartas donde teorizaba sobre la supuesta inferioridad biológica de los negros—, optó por la inacción. La «libertad» jeffersoniana era, en última instancia, un privilegio intelectual para el hombre blanco ilustrado, sostenido por la labor invisible de aquellos a quienes se les negaba la humanidad.
George Washington y la Ingeniería Legal de la Cautividad
La figura de George Washington, venerado como el «Padre de la Patria» y destacado Maestro Masón, ofrece un estudio de caso sobre cómo la rectitud pública puede coexistir con la manipulación privada de la ley. Washington presidió la Convención Constituyente con la misma autoridad silenciosa con la que se gobierna una logia, proyectando una imagen de virtud estoica. Sin embargo, las investigaciones de la historiadora Erica Armstrong Dunbar y los archivos de la Pennsylvania Abolition Society han sacado a la luz las maniobras legales que Washington ejecutó para eludir las leyes abolicionistas de los estados del norte. Cuando la capital federal se trasladó temporalmente a Filadelfia, Washington se enfrentó a la Gradual Abolition Act de 1780, una ley pionera que otorgaba la libertad a cualquier esclavo que residiera en el estado por más de seis meses.
Lejos de acatar el espíritu de libertad de la ley de Pensilvania, Washington orquestó una rotación sistemática y clandestina de sus esclavos. Documentos de archivo revelan instrucciones precisas a su secretario personal, Tobias Lear, para enviar a los esclavos de vuelta a Mount Vernon en Virginia poco antes de que se cumpliera el plazo de seis meses, reiniciando así el reloj legal y evitando su emancipación automática. Este acto no fue un descuido; fue una estrategia deliberada de ingeniería legal para preservar sus activos financieros humanos. La persecución implacable de Ona Judge, una esclava fugitiva de la casa presidencial, demuestra que para Washington, el derecho de propiedad prevalecía sobre el deseo de libertad de un ser humano. La escuadra masónica, símbolo de rectitud moral, se dobló ante la conveniencia económica del amo de la plantación.
El Silencio de las Logias y la Complicidad Institucional
Es imperativo analizar el papel de las logias masónicas estadounidenses como instituciones sociales en este contexto. Si bien los principios de la Orden abogaban por la fraternidad universal, la interpretación local de estos valores estaba estrictamente segregada. Los archivos de las Grandes Logias de los estados del sur durante el siglo XVIII muestran una ausencia casi total de debate sobre la legitimidad de la esclavitud. Por el contrario, la pertenencia a la masonería a menudo reforzaba los lazos de la élite esclavista, creando redes de confianza y crédito comercial basadas en la propiedad de tierras y esclavos. El requisito de ser «nacido libre» (free-born) para ser iniciado en los misterios de la masonería se interpretó literalmente como una barrera legal y racial, excluyendo automáticamente a la vasta población de afroamericanos, tanto esclavizados como libres.
Esta exclusión no era pasiva; era una defensa activa del status quo. En las logias donde se sentaban los firmantes de la Declaración de Independencia, la igualdad se entendía como una igualdad entre caballeros, una paridad de clase y raza. La fraternidad terminaba donde comenzaba el color de la piel. Investigaciones de la Universidad de California (UCLA) sobre la masonería y la Ilustración sugieren que las logias americanas funcionaron como cámaras de eco para la ideología republicana blanca, donde la libertad se definía en oposición a la esclavitud: ser libre significaba, precisamente, no ser un esclavo, y para que existieran hombres libres debía existir una clase servil que definiera ese contraste. La masonería americana, en este periodo, falló en su misión de universalidad, convirtiéndose en un club exclusivo que legitimaba espiritualmente la jerarquía social existente.
La Traición Constitucional de 1787
El momento culminante de esta hipocresía se cristalizó en la redacción de la Constitución de los Estados Unidos en 1787. La Convención de Filadelfia reunió a las mentes más brillantes de la nación, muchos de ellos masones, para diseñar la arquitectura del nuevo gobierno. Sin embargo, las actas de la convención, analizadas minuciosamente por el Proyecto Avalon de la Universidad de Yale, revelan que la esclavitud fue la moneda de cambio fundamental para la creación de la Unión. Los delegados de Carolina del Sur y Georgia, estados profundamente dependientes de la economía de plantación, amenazaron con abandonar la federación si sus «derechos de propiedad» no eran protegidos.
El resultado fue el infame «Compromiso de los Tres Quintos» (Artículo I, Sección 2), una fórmula matemática que despojaba al esclavo de su humanidad completa, contándolo como una fracción de persona para fines de representación legislativa e impuestos. Este cálculo otorgó al Sur un poder político desproporcionado en el Congreso y en el Colegio Electoral, asegurando que los intereses esclavistas dominaran la presidencia durante décadas. Además, la Sección 9 del Artículo I prohibió al Congreso abolir la trata internacional de esclavos hasta el año 1808, garantizando veinte años más de secuestros transatlánticos. Masons como George Washington, Benjamin Franklin (aunque ya anciano y más crítico) y James Madison estamparon su firma en un documento que consagraba la esclavitud como una institución protegida por el estado federal, traicionando la promesa de la Declaración de Independencia antes de que la tinta se secara.
El Espejo Europeo y la Crítica Transatlántica
La contradicción americana no pasó desapercibida para sus contemporáneos en Europa. La correspondencia entre los líderes de la Revolución Americana y sus homólogos franceses y británicos revela una profunda tensión ideológica. El Marqués de Lafayette, héroe de ambos mundos y ferviente masón, escribió apasionadamente a Washington instándolo a usar su inmensa influencia para liderar un proceso de emancipación gradual. Lafayette, cuya visión de la masonería estaba imbuida del radicalismo de la Ilustración francesa, veía la esclavitud como una mancha intolerable en el honor de la nueva república. Su decepción ante la inacción de Washington es palpable en los documentos conservados en los archivos de la Universidad de Cornell; para Lafayette, la revolución estaba incompleta mientras existiera un solo esclavo en suelo americano.
En Gran Bretaña, el contraste era aún más marcado. Mientras las logias americanas callaban, figuras vinculadas a la masonería y al evangelismo británico, como William Wilberforce y Thomas Clarkson, movilizaban a la opinión pública contra el comercio de esclavos utilizando argumentos morales que resonaban profundamente con la ética masónica de la benevolencia y la justicia. Investigaciones de la Universidad de Oxford han demostrado cómo el movimiento abolicionista británico utilizó la retórica de la «hermandad del hombre» para deslegitimar la esclavitud, logrando su abolición en el imperio británico mucho antes que en los Estados Unidos. Este «espejo europeo» demuestra que la postura de los Fundadores no era inevitable ni producto exclusivo de su tiempo, sino una elección consciente de priorizar la economía sobre la ética.
Benjamin Franklin y la Evolución Tardía de la Conciencia
Entre los Padres Fundadores, Benjamin Franklin representa una excepción notable que confirma la regla de la hipocresía generalizada. Su trayectoria, analizada a través de los archivos de la Sociedad Filosófica Americana, muestra una evolución desde propietario de esclavos y editor de anuncios de venta de personas en su juventud, hasta convertirse en el presidente de la Sociedad Abolicionista de Pensilvania al final de su vida. Franklin, venerable maestro de la logia Les Neuf Sœurs en París, estuvo expuesto a las corrientes más progresistas del pensamiento europeo. Su petición final al Congreso en 1790, firmada poco antes de su muerte, calificaba la esclavitud como una «atrocidad» y pedía al gobierno federal que fuera hasta el límite de su poder constitucional para eliminarla.
La reacción del Congreso ante la petición de Franklin fue de hostilidad y rechazo, liderada por representantes de los estados del sur que, irónicamente, invocaban la misma Constitución que Franklin había ayudado a redactar para defender su derecho a poseer esclavos. Este episodio final en la vida del «Primer Americano» ilustra la tragedia de la fundación: incluso cuando la conciencia masónica despertaba y exigía rectitud, la estructura política y económica creada por esos mismos hombres era ya demasiado rígida, demasiado dependiente del trabajo forzado para permitirse el lujo de la moralidad. Franklin intentó pulir la piedra al final de sus días, pero el edificio ya estaba construido con materiales defectuosos.
Prince Hall y la Verdadera Luz Masónica
Ante la exclusión sistemática de las logias blancas, surgió una respuesta que desafió la narrativa de los Fundadores y reclamó la verdadera esencia de la masonería: la fundación de la Logia Africana No. 459 por Prince Hall. Hall, un abolicionista y líder de la comunidad negra libre de Boston, entendió que los principios masónicos eran universales, independientemente de cómo los interpretaran los hombres blancos en el poder. Al ser rechazado por los masones americanos, Hall solicitó y obtuvo una carta patente directamente de la Gran Logia de Inglaterra en 1784. Este acto de jurisprudencia masónica fue revolucionario: la autoridad madre de la masonería mundial reconocía la legitimidad y la igualdad de los hombres negros, desautorizando implícitamente la segregación practicada por los «hijos de la libertad» americanos.
Las logias de Prince Hall no fueron meros clubes sociales; se convirtieron en bastiones de resistencia intelectual y moral. Los discursos de Prince Hall, preservados en documentos históricos, utilizan la simbología masónica para condenar la esclavitud con una ferocidad elocuente que faltaba en los escritos de los Padres Fundadores. Hall argumentaba que la esclavitud no solo degradaba al esclavo, sino que corrompía el alma del amo y convertía en burla los principios cristianos y republicanos de la nación. Mientras Washington y Jefferson gestionaban plantaciones, Prince Hall y sus hermanos construían una comunidad basada en la ayuda mutua, la educación y la lucha por la justicia, demostrando que eran ellos, y no sus opresores, quienes verdaderamente entendían el significado de la escuadra y el compás.
Conclusiones sobre la Piedra Angular Defectuosa
La revisión de la evidencia histórica nos lleva a una conclusión ineludible: la hipocresía de los Fundadores de Estados Unidos no fue un accidente histórico, sino una característica fundacional del estado. La documentación de archivos primarios y la investigación de universidades de prestigio desmantelan el mito de la ignorancia o la inevitabilidad. Hombres como Jefferson, Washington y Madison eran intelectuales sofisticados que leían a los filósofos de la Ilustración y entendían perfectamente la contradicción entre sus ideales y sus actos. Eligieron vivir con esa contradicción.
La masonería, en este contexto, sirvió como un ideal aspiracional que no supieron o no quisieron alcanzar. Proporcionaron la retórica de la libertad, pero negaron su práctica. La verdadera herencia masónica de igualdad no fluyó a través de las logias de los presidentes esclavistas, sino a través de la masonería de Prince Hall y de los abolicionistas que, décadas más tarde, retomarían esos ideales traicionados para exigir una segunda fundación de la república. La historia de los Estados Unidos es, en esencia, el largo y doloroso proceso de intentar alinear la realidad de la nación con las promesas incumplidas de sus fundadores, un trabajo de pulido de la piedra que comenzó con una profunda grieta moral en su misma base.
Fuentes Primarias y Referencias Documentales
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Fundación Thomas Jefferson (Monticello): La Paradoja de la Libertad: La Esclavitud en Monticello.
Fuente oficial que detalla la posesión de 607 personas esclavizadas y la vida en la plantación. -
Massachusetts Historical Society: Thomas Jefferson’s Farm Book (Manuscrito Original Digitalizado).
El libro de contabilidad donde Jefferson registraba a los esclavos como activos, citado en el artículo. -
Biblioteca del Congreso (LOC): Borrador Original de la Declaración de Independencia.
Muestra el párrafo eliminado sobre la condena a la trata de esclavos. -
Harvard University Press: The Hemingses of Monticello: An American Family (Annette Gordon-Reed).
Investigación ganadora del Pulitzer que prueba la relación y descendencia con Sally Hemings. -
George Washington’s Mount Vernon: La Esclavitud en Mount Vernon (Base de Datos Oficial).
Registro completo de la población esclavizada y las prácticas de gestión de Washington. -
Archivos Nacionales de EE. UU. (Prologue Magazine): A Slave in the White House: The Story of Ona Judge.
Documentación sobre la esclava que escapó y la persecución de Washington. -
Yale Law School – The Avalon Project: Notes on the Debates in the Federal Convention (James Madison).
La fuente primaria definitiva (Diarios de Madison) donde se registran los debates sobre la esclavitud. -
National Constitution Center: The Three-Fifths Compromise (Art. I, Sec. 2).
Análisis constitucional e histórico de la cláusula. -
Library of Congress: Prince Hall and the African Lodge No. 459.
Resumen histórico y documentos sobre la fundación de la primera logia negra. -
Cornell University Library: The Lafayette Collection.
Correspondencia entre Lafayette y Washington sobre el experimento de emancipación. -
National Archives (UK): Abolition of the Slave Trade Act 1807.
Documentación sobre el movimiento británico liderado por figuras como Wilberforce.





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