Más de un siglo después de que las descargas de fusilería resonaran en los fosos del Castillo de Montjuïc, el eco de aquel disparo sigue exigiendo reparación. El reciente impulso político y social vivido en Cataluña a finales de 2025 ha marcado un punto de inflexión histórico: el Parlament ha instado oficialmente a la anulación de la sentencia de muerte contra Francesc Ferrer i Guàrdia. Para la Masonería, esta noticia no es solo un trámite jurídico, sino la reivindicación moral de uno de sus miembros más emblemáticos, el «Hermano Cero», cuyo martirio simbolizó el ataque frontal del dogmatismo contra la libertad de conciencia.
La Fundación Ferrer i Guàrdia ha liderado esta ofensiva por la memoria democrática, logrando que las instituciones reconozcan que el juicio militar de 1909 careció de las mínimas garantías legales. Ferrer no fue juzgado por sus actos, sino por lo que representaba: un modelo pedagógico racionalista, laico y mixto que amenazaba la hegemonía cultural del conservadurismo de la época.
La Masonería ante la Memoria Histórica
La relación de Ferrer i Guàrdia con la Orden fue profunda y compleja. Iniciado bajo el simbólico nombre de «Cero», Ferrer encontró en las logias el refugio intelectual donde madurar su proyecto de la Escuela Moderna. Documentos históricos confirman su paso por el Gran Oriente de Francia durante su exilio en París, donde la masonería gala apoyó, aunque con matices, su labor pedagógica.
«La anulación de la sentencia no devuelve la vida, pero restituye el honor. No solo el de Ferrer, sino el de toda una generación de librepensadores que vieron en la educación la única herramienta de emancipación.»
Sin embargo, la historia también recuerda el silencio incómodo de ciertos sectores de la masonería anglosajona en 1909, temerosa de ser vinculada con el anarquismo. Hoy, la «Inteligencia Masónica» —ese esfuerzo por comprender la realidad desde el rigor y la fraternidad— exige una lectura crítica y valiente. La declaración del Parlament es vista por las Obediencias liberales modernas como una victoria póstuma de la Razón sobre la barbarie.
Vigencia del Ideario en la Era de la IA
Lo fascinante del legado de Ferrer no es solo su martirio, sino la vigencia de sus postulados. En un 2026 dominado por los algoritmos y la inteligencia artificial, la defensa ferreriana del pensamiento crítico (coeducación de sexos y clases, enseñanza basada en la ciencia y no en el dogma) es más necesaria que nunca.
Informes recientes de la Fundación advierten sobre los riesgos de la desinformación digital en la juventud. Paradójicamente, la «Escuela Moderna» del siglo XXI debe enseñar a navegar en el caos informativo con la misma brújula ética que Ferrer propuso para las aulas de ladrillo: la libertad de conciencia. Puedes consultar más detalles sobre la pedagogía racionalista en nuestra sección de Historia Masónica.




