Bezalel: el primer arquitecto «bajo la sombra de Dios» y el enigma de los verbos creadores
Bezalel: el primer arquitecto
Simbología y arquitectura sagrada

Mucho antes de que la leyenda de Hiram Abiff resonara en los templos, un constructor fue «llenado» del espíritu divino para levantar el tabernáculo del desierto. Un análisis profundo sobre la ontología de la creación y la delgada línea entre lo divino y lo humano.

La discusión persiste entre los exégetas y estudiosos de la tradición iniciática: ¿Por qué la Divinidad operó de dos modos distintos al generar el cosmos? ¿Existe una jerarquía ontológica entre los seres de «primera clase» (creados) y los de «segunda» (formados)? La cuestión no es meramente semántica; surge de la sutileza del texto hebreo original, donde Yahvé a veces «crea» (bara) y otras veces «hace» u «obra» (asah). Esta distinción encierra el secreto operativo de la masonería operativa y su transición a la especulativa.

Para desentrañar la figura de Bezalel, el primer arquitecto histórico mencionado en la Sagrada Escritura, debemos primero comprender la materia prima verbal con la que se narra el Génesis. El verbo bara, literalmente, alude a la acción de «espumar» o «desnatar»: separar lo denso de lo sutil. Es un gesto de diferenciación primordial, similar a separar la nata de la leche, obteniendo dos sustancias distintas de una misma fuente. Este gesto resuena con el momento fundacional donde el soplo divino se mueve sobre la superficie de las aguas para emulsionarlas y hacer emerger la existencia.

Claves filológicas: los 3 niveles de la obra
  • Bara (Crear): Reservado a Dios. Innovación absoluta. Separar la luz de la oscuridad. Es el «Hágase» de la voluntad pura.
  • Yatsar (Formar): Como el alfarero con la arcilla. Implica diseño y propósito preexistente.
  • Asah (Hacer): La ejecución material. Llevar el plano a la realidad tangible. Es el verbo de la acción masónica.
  • Bana (Construir): Emparentado con la raíz de «hijo» (ben). Construir un edificio es perpetuar la estirpe.

La tríada de la acción: bara, asah y bana

En la teología operativa, bara se reserva casi exclusivamente a la acción divina inefable, la creación ex nihilo. Salvo raras excepciones, como se cita en Josué 17:15-18, donde designa, curiosamente, la acción de talar bosques para acondicionar el territorio. Aquí emerge la primera lección para el masón especulativo: ordenar el espacio salvaje es el reflejo terrestre del gesto creador divino.

Por otro lado, asah describe tanto la acción divina como la humana; es la labor de manufactura, de dar forma a lo que ya existe. Pero existe un tercer verbo, el eslabón perdido de la construcción: bana. Según el Diccionario de la Lengua Española, nuestro término «albañil» comparte raíces profundas con conceptos de construcción, pero en hebreo, bana conecta el edificio con la descendencia.

Es precisamente en la intersección de estos verbos donde aparece Bezalel, el hombre encargado de ejecutar lo que asah designa, elevando la artesanía a la categoría de teúrgia.

Bezalel: a la sombra de la luz absoluta

Su nombre es en sí mismo un tratado de mística: Bezalel (o Besalel) significa literalmente «a la sombra de Elohim» (Be-tzel-El). Esta nomenclatura es fascinante. En el desierto abrasador del Sinaí, la sombra no es oscuridad, sino protección y proximidad. Nadie puede estar «a la sombra» de algo si no está extremadamente cerca del objeto que proyecta dicha sombra.

Bezalel no posee la luz propia de la Divinidad —no es un dios—, pero actúa pegado a Él. Es su «sombra operativa». Todo movimiento que hace Dios en el plano espiritual (el diseño del Arquetipo), Bezalel lo replica en el plano material. Es el modelo del Maestro Masón: alguien que no inventa la Ley, sino que la ejecuta con precisión milimétrica en la logia de la tierra.

La primera «investidura» del espíritu

Yahvé lo escogió para construir el Arca de la Alianza, el primer templo transportable. Pero lo más sorprendente es la herramienta que le dio. No fue un martillo de oro ni un compás de plata, sino el ruach elohim.

Es vital notar que esta es la primera vez en la Biblia que se dice que una persona es «llenada del Espíritu de Dios». Y no fue a un sacerdote para profetizar, ni a un rey para gobernar, sino a un artesano para construir. Esto valida el Arte (la Tékhne) como una vía directa de conexión divina, un concepto que luego resonaría en los gremios medievales.

«Mira que he designado a Besalel… y le he llenado del espíritu de Dios concediéndole habilidad, pericia y experiencia en toda clase de trabajos… para concebir y realizar proyectos en oro, plata y bronce.»

Éxodo 31: 1-7

El binomio necesario: Bezalel y Oholiab

La construcción del Tabernáculo no podía ser obra de un ego solitario. Yahvé le asignó un compañero: Oholiab, de la tribu de Dan. Aquí hay un mensaje político y fraternal profundo. Bezalel pertenecía a la tribu de Judá (la aristocracia, de donde vendrían los reyes), mientras que Oholiab venía de Dan (una de las tribus menos prestigiosas, asociada a veces con la idolatría o el juicio).

En la obra sagrada, el noble y el humilde trabajan al mismo nivel, unidos por el mandil del oficio. Oholiab, cuyo nombre significa «tienda del padre», complementa a Bezalel. Juntos representan la totalidad de las habilidades: el diseño macroestructural y el detalle textil y ornamental, una dualidad presente en todas las Grandes Logias regulares.

El templo como microcosmos (shakan)

El objetivo final de la obra de Bezalel era permitir que la Divinidad «habitara» entre su pueblo. El verbo clave aquí es shakan (vivir en vecindad, de donde deriva shekinah, la presencia real). Antes de Bezalel, Dios era una voz en la montaña o una columna de fuego inalcanzable. Gracias a la arquitectura, Dios se convierte en un «vecino».

El Arca no era un simple mueble; era un instrumento de tecnología espiritual que requería una precisión atómica. Si Bezalel hubiera fallado en las medidas, si hubiera usado «fuego extraño» o materiales impuros, la conexión no se habría establecido. La labor del arquitecto es, por tanto, de una responsabilidad aterradora: si la forma no es perfecta, el contenido no desciende.

Así, Bezalel se erige como el patrón olvidado de los constructores. Mientras Hiram Abiff representa el sacrificio y la integridad ante la muerte, Bezalel representa la inspiración y la ejecución perfecta ante la vida. Él nos enseña que trabajar la materia con consciencia es, en sí mismo, una forma de oración.

Ficha de conceptos básicos
Ontología creativa (bara vs. asah) Distinción teológica fundamental entre la creación divina ex nihilo (de la nada) y la formación humana a partir de materia preexistente. Para el masón, implica reconocer los límites de su arte: él ordena, no crea leyes naturales.
Teúrgia operativa La práctica de invocar o conectar con lo divino mediante la acción ritual o el trabajo manual sagrado. En el caso de Bezalel, la construcción física del Arca es el acto que permite el descenso de la Shekinah.
Arquitectura como «shakan» Concepto que define el edificio masónico no como un refugio pasivo, sino como una estructura activa diseñada específicamente para «hacer habitar» un principio espiritual o ético en el mundo material.
Sombra divina (be-tzel-el) Estado de proximidad máxima a la fuente de luz. Simbólicamente, el iniciado no busca ser la luz misma, sino situarse tan cerca de la Verdad que sus acciones sean un reflejo (sombra) exacto de esa Verdad.